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Gira Latinoamérica 2024: Parte IV – Perú

“Lima, tú, romántica y altiva, alegre y generosa, eres por ser hermosa la novia del Perú”
Lima de novia,
Mario Cavagnaro.

Lima, 14 de enero del 2024.

Escrito por Sofía Arango

Debido a mis problemas de visado para entrar en Ecuador, llegué a Lima mientras el resto del equipo estaba en Quito.

Tener ese tiempo extra en la ciudad fue muy valioso para mí. Perú era una de las paradas del tour que esperaba con más ansias visitar y que, sin dudas, cumplió y superó mis expectativas.

En mi corta estancia, me enamoré de Lima.

Recuerdo salir a recorrer las calles de Miraflores y ver a las personas congregadas bailando cumbia en el Parque Kennedy a la luz del atardecer.

Es difícil de explicar con palabras, pero en ese momento sentí que la ciudad estaba viva y que su corazón latía en sincronía con el mío, robándome el aliento y deslumbrándome con su rica cultura e historia.

Dejando de lado mi predilección por narrar todo con ese realismo mágico y pasional tan típico de nosotros los latinos latinoamericano, intentemos ahora describir todas las particularidades de esta ciudad tan especial.

Lima se distingue como la única capital de América Latina que tiene playas. Su ubicación geográfica la rodea de un desierto donde la lluvia es prácticamente inexistente. Tanto es así, que la ciudad carece de por completo de un sistema de desagüe.

Otra cosa que llama la atención al instante es la riqueza y diversidad de la gastronomía peruana.

Esto, aunque no lo creas, juega en contra de la pizza napolitana. Los peruanos son extremadamente nacionalistas con su comida y por ende las apuestas culinarias extranjeras siempre deben a incluir sabores e ingredientes locales en sus menús para adaptarse al público.

Una particularidad que quizás no sea conocida por muchos es que el tomate tiene su origen en Perú. Esta conexión podría explicar por qué muchos restaurantes nos comentaron que las pizzas blancas (sin salsa de tomate) no son muy populares entre los comensales y casi nunca se ganan un puesto en el menú.

Las clases de este destino se realizaron en un encantador hotel boutique en el corazón de Miraflores.

Un detalle memorable fue la titánica tarea de ingresar un horno napolitano al patio del hotel. Este desafío requirió una grúa, el desmontaje del horno y el esfuerzo de al menos seis personas. Pero con amistad, pasión por la pizza y un par de Inca Kolas para cerrar el día, logramos la hazaña

Pero aún tenemos otra historia que contar sobre este horno tan especial. Resulta que, a la mañana siguiente, un miembro del equipo fue víctima de un «retroceso de llama» que le alcanzó la mitad del cuerpo.

Salir en medio de la clase en busca de una crema para quemaduras fue estresante y me dejó otra lección importante para la vida: levar un botiquín de primeros auxilios conmigo siempre.

Embajada de Italia en Perú y Equipo de Latinos en Pizza

Luego de sortear las dificultades logísticas de una casi-catástrofe (otro manejo de crisis internacionales exitoso para mi currículum), permítanme hablarles de las clases.

Teníamos dos clases ese día, doce horas de trabajo, y treinta pizzeros que vinieron de todas partes del país, incluyendo localidades remotas en la zona selvática del Perú.

Además, contamos con la presencia de la Cámara de Comercio Italiana, el Embajador de Italia y el chef Ugo Plevisani.

Fue un día de extremo agotamiento, pero también de inmenso agradecimiento.

Mi primer, pero no mi último día, comiendo pizzas con un embajador.

No parábamos de asombrarnos en cómo el proyecto estaba creciendo exponencialmente

Queríamos conquistarlo todo, pero más de eso en la próxima entrada.

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